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Ataque racista en supermercado de Búfalo

Un total de 10 personas han muerto en un tiroteo en un supermercado en la ciudad de Búfalo, en el Estado de Nueva York. Un hombre, que después ha sido detenido por la policía local, ha abierto fuego este sábado por la tarde contra los clientes de una tienda de la cadena de supermercados Tops, situada en Jefferson Avenue, a unos tres kilómetros al noreste del centro urbano. El tirador fue identificado como Payton S. Gendron, de 18 años y vecino de Conklin (Nueva York), a unos 320 kilómetros de Búfalo. “Entiendo los cargos”, dijo tranquilamente en una comparecencia ante el juez que duró cinco minutos. El joven se declaró no culpable de la acusación de homicidio en primer grado, que podría acarrearle cadena perpetua. Mediante una cámara corporal, Gendron retransmitió en directo el ataque.

El Departamento de Policía de Búfalo ha confirmado el dato de 10 víctimas mortales y ha señalado que hay además tres heridos por el tiroteo cuya vida parece fuera de peligro. Las autoridades investigan el tiroteo como un crimen de odio o un acto extremista de violencia con motivaciones racistas. De las víctimas de los disparos, 11 son negros y dos, blancos, ha explicado el agente especial del FBI al cargo de la investigación. La policía evalúa también un manifiesto racista colgado por el tirador en internet, en el que habla de sus motivos para la matanza y se refiere a la “teoría de la sustitución o gran reemplazo”, aventada por la ultraderecha y según la cual la población blanca está siendo sustituida por inmigrantes de otras razas. La teoría ha encontrado eco en movimientos extremistas como QAnon.

El agresor se bajó de su coche sobre las 14.30, hora local. Disparó a cuatro personas en el aparcamiento, de las que tres murieron y la otra está herida. Luego entró en el supermercado y siguió disparando, según ha explicado en la misma comparecencia el comisario jefe de la policía de Búfalo, Joseph Gramaglia. El guarda de seguridad, un policía retirado, disparó al agresor, pero iba con casco y chaleco antibalas y su protección repelió los disparos. El guarda es una de las víctimas mortales.

Un trabajador, que se ha identificado como Will G., ha declarado al diario Buffalo News, que ha sido el primero en subir la cuenta de los muertos a 10, que ha tenido el tiempo justo de esconderse tras una de las neveras del establecimiento cuando comenzó todo. “Solo escuché disparos. Tiros y más tiros”, ha contado. “Sonaba como si las cosas se estuvieran cayendo de los estantes”. Ese mismo periódico también cita a un policía que, tras acceder a la escena del crimen, ha dicho: “Es como entrar en una película de terror, pero todo es real. Es como Armageddon”

Tiroteo en directo

Otro testigo ha relatado que el asesino iba fuertemente armado, con vestimenta militar y chaleco antibalas y que se trataba de un joven blanco de unos 20 años. Provisto de una cámara, el joven retransmitió su acción por Twitch, la red social de vídeo propiedad de Amazon, que ha cancelado su canal de inmediato en cuanto ha tenido conocimiento de ello. El alcalde de Búfalo, Byron Brown, que de joven trabajó en el supermercado objeto del ataque, ha afirmado que el tirador no era vecino de la ciudad, sino que había conducido durante horas antes de realizar su ataque.

Los testigos han señalado a las cadenas de televisión locales que hubo decenas de disparos y que la policía acudió rápidamente al lugar. El autor de los disparos salió, se apuntó inicialmente a la barbilla, pero luego tiró el arma, se puso de rodillas y se entregó a la policía.

Gente agolpada en el aparcamiento del supermercado de Búfalo donde se ha producido el tiroteo.
Gente agolpada en el aparcamiento del supermercado de Búfalo donde se ha producido el tiroteo.DEREK GEE (AP)

La tienda está ubicada en un vecindario de clase baja de Búfalo y es, según los medios locales, un supermercado muy popular en una zona residencial cuya población es predominantemente negra. Búfalo es la segunda ciudad más poblada del Estado (250.000 habitantes), muy por detrás de Nueva York. Está a pocos kilómetros de la frontera con Canadá y los intercambios con la región de Ontario, y con su capital, Toronto, son frecuentes. También es la población más próxima del lado estadounidense a las cataratas del Niágara.

En mitad de la confusión, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha tuiteado: “Sigo muy de cerca el tiroteo en un supermercado de alimentación en Búfalo. Hemos ofrecido asistencia a los funcionarios locales. Si se encuentra en Búfalo, evite el área y siga las instrucciones de la policía y el resto de las autoridades”. Hochul se desplazó a la ciudad para coordinar la atención a los familiares de las víctimas e informar a la prensa. Desde el lugar del ataque, la gobernadora volvió a tuitear: “Debemos confrontar la amenaza que representa el supremacismo blanco para nuestra sociedad”. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, transmitió un mensaje de condolencia.

Los medios estadounidenses han desempolvado el recuerdo de otro tiroteo, con el que este guarda ciertas similitudes: aquel tuvo lugar en marzo de 2021 en Boulder (Colorado). Entonces, 10 personas, incluido un policía, fueron asesinadas en una tienda de comestibles llamada King Soopers.


Payton Gendron (a la derecha) conversaba con su abogado durante la lectura de cargos, el sábado.

Gendron aparenta ser un lobo solitario, trastornado por el odio, capaz de escribir 180 páginas detallando su plan para matar al mayor número de negros en la ciudad con más porcentaje de población afroamericana de su Estado. Un chaval equipado con un rifle de asalto —en cuyo cañón había pintado en blanco el peor insulto posible a alguien de color, según medios estadounidenses, que no concretan la descalificación—, con una cámara para retransmitir la carnicería como hizo el supremacista blanco que atacó dos mezquitas en Nueva Zelanda y dejó medio centenar de muertos en 2019, uno de sus modelos.

Un lobo solitario y mimético: también se inspiró en la matanza de El Paso, en 2019, en la que un blanco viajó durante horas a través de Texas —como Gendron hizo el sábado a lo largo de 320 kilómetros por el Estado de Nueva York— para atentar contra población latina en unos grandes almacenes, con 23 muertos. El asesino de El Paso, Patrick Wood, dejó colgados en internet sus motivos, toda una declaración de odio. Como Brenton Tarrat, el asesino de Nueva Zelanda. Como el mismo Gendron: un relato con pormenores hasta la náusea de dónde aparcar, dónde comer antes de perpetrar el ataque, cómo recorrer todos los pasillos del supermercado y rematar, si podía, a cada negro con un tiro en el pecho.

Gendron es el producto de un cóctel mortal: la intoxicación de teorías de la conspiración como la del gran reemplazo, antes limitada a la ultraderecha, pero que gracias a telepredicadores como el populista Tucker Carlson y algunos políticos republicanos, se ha convertido en popular; más la facilidad para acceder a armamento, un hecho que plantea, de nuevo, el dilatado debate sobre el control de armas. Todo ello en el marco de una oleada de violencia armada rampante, calificada de epidemia por la Casa Blanca.

En la acuciante necesidad de regular el acceso a las armas de fuego hizo hincapié el sábado el grupo March for our Lives (Marcha por nuestras vidas), formado por estudiantes del instituto de Parkland (Florida), que fue escenario de un tiroteo masivo en 2018: lo ocurrido en Búfalo muestra “el fracaso” de los políticos estadounidenses, afirmaron. “Nuestro país debería haber hecho todo lo que estaba a su alcance mucho antes para evitar que las armas caigan en las manos equivocadas. En cambio, el culto a las armas en Estados Unidos potencia esta violencia supremacista blanca”, dijo el grupo en un tuit. Varios congresistas demócratas apuntaron también discretamente la necesidad de reforzar el control, acusando a los republicanos de torpedear una y otra vez cualquier iniciativa legislativa, que deja a los Estados y los ayuntamientos la facultad de promulgar sus propias reglas.

No parece este el momento —en plena campaña para las complicadas elecciones de medio mandato— más favorable para plantear de nuevo un tema potencialmente explosivo, que traza una de las muchas fallas entre republicanos y demócratas. La polarización que aventó el mandato de Donald Trump, llevada a sus máximas consecuencias, también está en la recámara de la matanza de Búfalo.

“Una matanza atroz cometida por un supremacista blanco”, tuiteó la gobernadora del Estado, Kathy Hochul, nativa de Búfalo, el sábado por la noche. Fue la primera política que ponía nombre y apellido a una amenaza medular contra la seguridad de Estados Unidos: la del extremismo interno, o doméstico. En los 20 años transcurridos desde el 11 de septiembre, los extremistas de extrema derecha han matado a más personas en EE UU que los terroristas islamistas radicados en el país. El director del FBI, Christopher Wray, dijo al Congreso en septiembre pasado que el asalto al Capitolio no fue un hecho aislado y que “el problema del terrorismo interno se ha estado propagando por todo el país durante varios años”. Así lo confirman los registros, desde 2014, con un crecimiento exponencial, especialmente acusado en 2020 y 2021.

Wray agregó que los supremacistas blancos constituyen “la representación mayoritaria del terrorismo doméstico en general” y “han sido responsables de los ataques más letales en la última década”. Ejemplos no faltan, como el asesinato de nueve feligreses negros en una iglesia de Charleston (Carolina del Sur) por un blanco, en 2015. Dylann Roof, el joven que disparó en la iglesia, es uno de los nombres citados por Gendron, aunque dice sentir especial conexión con el supremacista de Nueva Zelanda: “El que más me radicalizó”, según ha consignado, con la pericia de un notario y el desvarío de alguien falto por completo de juicio, en ese memorando del odio.

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