LENIN3El candidato del Gobierno ha sido la opción más votada pero menos de 1,3 puntos porcentuales le obligan a volver a las urnas el dos de abril

Ecuador inicia una nueva época sin Rafael Correa

Los gritos de “una sola vuelta” ya no se escuchan en las calles de Ecuador. Ni el candidato del Gobierno, Lenín Moreno, ni su gran rival Guillermo Lasso han conseguido los votos necesarios para proclamarse presidente. En un recuento que mantuvo la emoción hasta el final, Moreno no consiguió superar la barrera del 40% de sufragios necesarios para ganar en primera vuelta. Se quedó a las puertas del Palacio de Carondelet con un 38,87% de apoyo. El líder de CREO-SUMA, con un 28,5% de votos, consiguió su objetivo: forzar la segunda vuelta que se celebrará el dos de abril.

A pesar de que el Comité Nacional Electoral (CNE) había pedido cautela hasta conocer el escrutinio final, los simpatizantes de Alianza PAIS y CREO-SUMA se apresuraron a celebrar el resultado que más les convenía. Mientras que en frente de su sede en la capital ecuatoriana, los seguidores de Moreno festejaban con música en vivo la victoria, Moreno apareció en la tarima para recordar que había que contemplar el escenario de una segunda cita en abril. “Es una lucha de largo aliento porque esta batalla la vamos a ganar”, aseguró. No consiguió silenciar el mantra de una “sola vuelta” hasta que acabó su intervención versionando ‘Cantares’ de Joan Manuel Serrat.

“Esto recién empieza, la campaña comienza mañana a las cinco de la mañana”, anunciaba el ex banquero entre gritos de “Lasso Presidente”. El candidato conservador ha propuesto la creación de la “Mesa de la Gobernabilidad”, a la que ha invitado a otros líderes opositores. La candidata socialcristiana Cynthia Viteri, tercera en los comicios con un 16,33% de votos válidos, ha declarado que su apoyo en segunda vuelta es para CREO-SUMA. Sin embargo, la opción de Lasso no ha convencido a la coalición progresista, Acuerdo Nacional por el Cambio, que tampoco pedirá el voto para el binomio de Alianza PAIS.

Pese a que los observadores internacionales no han elevado ninguna crítica de momento sobre el transcurrir de las votaciones, un centenar de fieles a CREO-SUMA se manifestaron a las puertas del CNE para asegurar que este organismo confirmaba la segunda vuelta, que ellos daban por segura. El compañero de binomio de Lasso, Andrés Páez, fue para respaldar esta protesta. “Quedan avisados, aquí si intentan fraude, ingresaremos”, aseguró frente a los policías que protegían las puertas del CNE. Su partido había animado a sus votantes a estar alerta en caso de “posible fraude electoral”

El reto económico

Desde hace diez años, los ecuatorianos se habían acostumbrado a vivir las elecciones sin grandes incertidumbres. El nombre de la persona que se sentaría en el sillón presidencial del Palacio de Carondelet era una apuesta segura. Pero ayer, tras una década con Rafael Correa, la duda no era sólo quién sería el próximo presidente sino cómo se resolverá la crisis económica que vive el país.

Los ecuatorianos tendrán que decidir de nuevo entre el “cambio” o cuatro años más de Revolución Ciudadana con el candidato de Alianza PAIS (AP), Lenín Moreno, al frente. Como explica el analista Bernardo Moreno, el voto no se ha ceñido al eje de izquierda-derecha. En las urnas, los ciudadanos valorarán el nuevo escenario económico en el que las promesas electorales tendrán que materializarse.

El nuevo Gobierno deberá maniobrar la crisis con una mano atada a la espalda por el endeudamiento público. No ayudará la caída del precio del petróleo, hasta hace poco una de las mejores cartas entre las exportaciones ecuatorianas. Incluso hasta las predicciones más optimistas aseguran que no superará los 60 dólares por barril. El Estado ha buscado fuentes alternativas de financiamiento pero si no se revierte el decrecimiento de 2016, la posibilidad de recortar el gasto público estará muy presente en la mesa presidencial.

Como señalan los expertos, en estas elecciones no se ha votado con la misma ilusión que otros años. “Todavía no he votado”, decía ayer Isabel, sentada en los bancos del colegio electoral Juan Pío Montúfar, en el Sur de Quito, el sector más popular de la capital, donde regenta un pequeño local de ‘almuerzos’. “Es la primera vez que me siento tan indecisa. La situación del país nos ha golpeado duro a todos”. Para algunos de sus vecinos, que subían por una cuesta repleta de puestos de fruta, algunos posters de Cristiano Ronaldo y hornados (uno de los platos bandera del país), la decisión estaba muy clara. Dolores Barrena, costurera, y su hija de 20 años, que votó por primera vez, confían en “Lenín”, como le llaman tanto opositores como sus partidarios. “Antes de Correa, fue muy duro. Con él, mis nueve hijos han podido estudiar de forma gratuita”, señala. También lo tenía claro Lenín Aguirre, que trabaja en una empresa florícola: “Hemos tenido un gobierno prepotente, con mucha corrupción. Vamos a por el cambio”.

En el norte, en la Universidad Tecnológica Equinoccial que se convirtió en colegio electoral, los gritos de una “sola vuelta” recibían a los dos candidatos con más opciones, Lenín Moreno (AP) y el conservador Guillermo Lasso (CREO-SUMA). En el caso de los opositores, ese grito era más un anhelo que una convicción. La tensión electoral estalló entre los simpatizantes de ambas formaciones. Con billetes de cinco dólares en mano, por encima de un cordón policial, partidarios del “cambio” increparon a los fieles de AP y les pedían la lista de los corrompidos por Odebrecht. “Lenín Presidente” y “Ese dinero es el que robaron en el feriado bancario”, fueron las respuestas de los seguidores de Lenín.

El equilibrio de fuerzas en la región seguirá en juego en las urnas ecuatorianas. El llamado Socialismo del siglo XXI ya perdió a dos de sus aliados con los cambios de gobierno que hubo en Argentina y el impeachment a Dilma Rousseff en Brasil. El giro a la derecha en el vecino Perú es un factor más que fortalece a la “restauración conservadora” de la que alertaba Correa.