Cuba Entre la Espada y la Pared

Luego de poco más de una década de relativa estabilidad, Cuba está a las puertas de una depresión económica similar a la que azotó al país en la década de 1990, calificada por el entonces gobernante Fidel Castro como «período especial».

Una economía ineficiente e improductiva confluye en 2019 con la severa crisis de Venezuela, principal socio comercial y sostén del país, y las sanciones anunciadas por Washington a La Habana en su afán por lograr la caída del régimen de Maduro.

Aunque las autoridades aseguran que la gravedad de la situación no puede compararse con la vivida en la isla tras la desaparición del bloque soviético, las alarmas se dispararon entre la población con el anuncio de una nueva etapa de racionamiento de productos básicos.

El pasado 10 de mayo, la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz, compareció ante la prensa nacional para anunciar oficialmente la aplicación de medidas para regular la venta de productos alimenticios y de aseo e higiene y para evitar el acaparamiento.

En la lista de productos básicos regulados a partir de este mes están los huevos, el pollo, el arroz, los frijoles, las salchichas y el jabón.

 La distribución de productos básicos con subsidio estatal está sujeta a una libreta de racionamiento desde 1962, pero en los últimos años se liberaron adicionalmente -a precios elevados- alimentos y otras mercancías que ahora vuelven a regularse.

El anuncio oficializa las creciente carencias de productos básicos que se registra en el país desde finales del pasado año, junto a otras señales que despertaron temor sobre la llegada de un nuevo «período especial»: escasez de medicamentos, regreso de los cortes de electricidad (los impopulares «apagones») y la reducción de las páginas y la circulación de los periódicos del Partido Comunista, los únicos permitidos. Esta última medida fue una de las primeras adoptadas por el gobierno para enfrentar la hecatombe económica de los años 90 y para muchos cubanos su repetición ahora es una señal de la crisis que se avecina.

Personas en fila para comprar alimentos en un mercado estatal de La Habana, el 11 de mayo de 2019

Las largas filas con duración de horas e incluso las riñas entre los desesperados consumidores han vuelto a ser parte del panorama cotidiano en la isla caribeña.

El racionamiento anunciado a través de Díaz marca a todas luces un retroceso para la población, que tenía acceso a un mercado de productos no regulados tanto en la moneda nacional -el peso- como en las tiendas donde se usa la divisa convertible cubana, el CUC. El salario promedio en Cuba alcanza los 767 pesos, unos $30 dólares mensuales. En las tiendas de divisa, por poner un ejemplo, un litro de aceite se comercializa a 2,40 CUC, cerca de 3 dólares.

«El país vive una coyuntura muy compleja de tensiones financieras a partir del recrudecimiento del bloqueo estadounidense contra el pueblo cubano, lo cual ha obligado a buscar nuevos mercados más distantes y, por tanto, más costosos y ello ha tenido un impacto en los niveles de abastecimiento a la población», dijo la ministra Díaz.

Las carencias de alimentos no solo están afectando a los hogares cubanos, sino también al creciente sector de empresarios privados (los llamados cuentapropistas) que administran restaurantes y brindan servicios de alojamiento al turismo.

Las declaraciones de la funcionaria vinieron a confirmar los temores esparcidos tras la intervención de Raúl Castro en una sesión parlamentaria el pasado abril, cuando afirmó que «tenemos que prepararnos siempre para la peor variante».

Trump aplica más sanciones económicas

Las autoridades cubanas achacan la escasez al recrudecimiento del embargo comercial por parte de la administración de Donald Trump, que ha impuesto además severas sanciones a embarcaciones y navieras que trasladan petróleo desde Venezuela a La Habana.

El tema venezolano es particularmente sensible en la economía cubana, pues los acuerdos establecidos para el suministro de más de 110 barriles diarios desde la era de Hugo Chávez están en peligro. Fue justamente el respaldo de la Venezuela chavista -hoy primer socio comercial de Cuba- lo que logró sacar a la isla de su encrucijada económica tras la caída del comunismo de Europa del Este y normalizar cierta capacidad financiera para el Estado cubano.

A la inestabilidad política y económica en Venezuela se suma el factor de presión de Washington, que ha reforzado también las clavijas del embargo como castigo al apoyo incondicional del régimen cubano al gobierno de Nicolás Maduro.  Washington exige el fin de la colaboración militar, de seguridad e inteligencia del aparato cubano en Venezuela, que solo en el círculo cercano a Maduro se estima en unos 2,300 efectivos.

Las medidas de reforzamiento del embargo -que incluyen sanciones a empresas cubanas- fueron anunciadas por el gobierno de Trump tras meses de negociaciones con La Habana.

Las relaciones bilaterales ya se habían congelado desde fines de 2017, cuando numerosos diplomáticos estadounidenses y canadienses enfermaron misteriosamente en la capital cubana. Aún se desconoce la causa que provocó severas afecciones neurológicas en los funcionarios. Washington ha responsabilizado al gobierno cubano, redujo su personal en Cuba y mantiene al mínimo el funcionamiento de su embajada.

La apuesta cubana por Maduro

El gobierno encabezado por Miguel Díaz Canel parece haber apostado por un apoyo irrestricto al régimen de Maduro, quizás en parte animado por el respaldo ruso. De caer Maduro, Cuba no solo perdería su principal fuente de divisas que es la compra de servicios profesionales por Venezuela, sino que también los 47,000 barriles de petróleo que siguen llegando a la isla a pesar del cerco económico a Caracas y a la petrolera estatal PDVSA. El petróleo venezolano cubre la mitad de las necesidades cubanas y perderlo costaría unos $1,800 millones a las diezmadas arcas estatales.

A la vez, Estados Unidos ha anunciado un plan de medidas para limitar los viajes de estadounidenses y el envío de remesas familiares a la isla, revirtiendo la política de flexibilización que puso en vigor la administración de Barack Obama. Los envíos de remesas en dinero en efectivo a Cuba superan anualmente los $3,500 millones anuales, el segundo mayor ingreso de divisas al país después de la prestación de servicios internacionales.

Solo en los primeros cuatro meses del año, 257,500 estadounidenses y más de 161,000 cubanoamericanos residentes en Estados Unidos viajaron a Cuba, disputándole a Canadá la supremacía de principal emisor de viajeros internacionales hacia la isla.  Las medidas anunciadas por la Casa Blanca implicarían un recorte de las categorías de viajes no familiares y la limitación de las operaciones de cruceros, que representan más de la mitad del flujo de visitantes estadounidenses.

«Es necesario que estemos alertas y conscientes de que enfrentamos dificultades adicionales y que la situación pudiera agravarse en los próximos meses», advirtió Raúl Castro en su reciente intervención parlamentaria.  Castro traspasó la presidencia a Díaz-Canel en 2018, pero sigue siendo la máxima autoridad del país como primer secretario del Partido Comunista, según establece la Constitución vigente.

Un verano caliente

Las carencias y dificultades cotidianas de la población son motivo de preocupación de las autoridades cubanas, pues son fuente de descontento social.  La crisis del «período especial» motivó una protesta popular callejera conocida como el Maleconazo, en agosto de 1994.

Este sábado, las autoridades policiales reprimieron con violencia una marcha independiente de la comunidad LGBTI, con arrestos y golpizas a varios de los alrededor de 300 manifestantes, una cifra sin precedentes después del triunfo de la revolución de 1959. La reacción gubernamental provocó de inmediato el rechazo de reconocidas personalidades artísticas como el trovador Silvio Rodríguez.

La marcha fue convocada por activistas independientes como alternativa a la suspensión de una tradicional conga callejera LGBTI, que organizaba anualmente el oficialista Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) bajo el liderazgo de Mariela Castro, hija de Raúl Castro.  Los organizadores justificaron la cancelación de la conga a «las nuevas tensiones en el contexto internacional y regional» que afectan al país.

El nuevo racionamiento y la protesta cívica se producen en vísperas del verano, la temporada más compleja del año para la isla debido al previsible incremento del consumo de energía eléctrica. Con un menor suministro de petróleo venezolano, la escasez de alimentos y el descontento popular, el que se avecina promete ser otro verano muy caliente en la isla.

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