Salió de Venezuela a pie y llegó a Buenos Aires para ver nacer a su hijo

Cuando supo que iba a ser papá, Reinaldo Perger partió desde Caracas caminando, hizo dedo y en Salta le regalaron un pasaje. Ahora se quiere casar y busca trabajo.

Contra todo pronóstico, y tras más de dos meses de angustiante espera, Fabiola Navarro y Reinaldo Perger volvieron a estar juntos. La pareja de venezolanos separada a la fuerza en junio del año pasado tuvo su esperado reencuentro en la Argentina. Ella debió escapar de la crisis humanitaria que atraviesa su país y descubrió, una vez en Buenos Aires, que estaba embarazada. Meses después,él no aguantó más y partió, caminando, con el sueño de ver nacer a su bebé.

Mientras construyen una familia, Fabiola y Reinaldo no se olvidan del cariño por su país, Venezuela, pese a la odisea que atravesaron para escapar de la crisis. /Rubén Digilio.

Mientras construyen una familia, Fabiola y Reinaldo no se olvidan del cariño por su país, Venezuela, pese a la odisea que atravesaron para escapar de la crisis. /

«No tengo palabras para expresar lo que sentí cuando él llegó a la terminal de micros. Estaba demasiado feliz y emocionada», dice Fabiola sobre el momento en que Reinaldo, después de recorrer 8 mil kilómetros, se fundió con ella en un abrazo. Ahora viven los dos en una calle de tierra tranquila en Bella Vista, partido de San Miguel. En un departamento que comparten con los padres y hermanos de Fabiola, sueñan con el parto (ella tiene fecha para mediados de febrero) y un nuevo comienzo.

«Nuestro plan es poder darle un futuro bonito a nuestro bebé. Conseguir un trabajo estable acá en Bella Vista o donde tengamos la posibilidad de trabajar, para poder darle lo mejor”, se ilusiona ella.

Ella descubrió que estaba embarazada cuando llegó a Buenos Aires. Espera para mediados de febrero y su hijo se llamará Matías./ Rubén Digilio

Ella descubrió que estaba embarazada cuando llegó a Buenos Aires. Espera para mediados de febrero y su hijo se llamará Matías./ Rubén Digilio

La salida de Venezuela no fue fácil para ninguno de los dos. Primero vino la familia de Fabiola, que debió vender todo para pagar los pasajes en micro a Buenos Aires. «Vinimos hace un año con un bolso lleno de sueños y esperanzas», dice su mamá. Al momento de partir, la joven de 24 años no quiso dejar a su novio y, como en las películas, decidió quedarse en Venezuela. 

«La crisis en Caracas se volvió insostenible. Tuve que dejar la universidad, donde estudiaba Relaciones Industriales», recuerda ella, y detalla que el sueldo de los dos apenas alcanzaba para comer en la semana. «Me tocó decirle a mis padres que ya no aguantaba más, y ellos como pudieron lograron comprarme el pasaje», agrega.

En junio se despidió de Reinaldo y partió en micro, con la idea de conseguir trabajo y ahorrar para que su novio también lo hiciera. El viaje duró diez días. Una vez en Bella Vista, donde su familia había podido alquilar, Fabiola empezó a sentir un malestar general y descubrió que estaba embarazada.

Desde que se enteró, Reinaldo no pudo pensar en otra cosa que en viajar para ver el nacimiento de su hijo, que ahora, juntos, cuentan que se va a llamar Matías.

Enamorado y desesperado, decidió caminar. Sin plata ni celular partió con la brújula señalando a ArgentinaCaminaba, hacía dedo, dormía bajo techos prestados o en la calle. En Cúcuta, la frontera con Colombia, conoció a otros venezolanos que también iban a pie y lo acompañaron hasta Perú. 

El departamento que pudo alquilar la familia de Fabiola Navarro Ávila está en Bella Vista, partido de San Miguel. Allí, ahora también, Reinaldo. / Rubén Digilio.

El departamento que pudo alquilar la familia de Fabiola Navarro Ávila está en Bella Vista, partido de San Miguel. Allí, ahora también, Reinaldo. / Rubén Digilio.

«A veces se me nublaba la vista y se me pasó por la mente quedarme en Colombia a trabajar y ahorrar, pero nunca iba a juntar lo suficiente para un pasaje», dice Reinaldo Perger.

Reinaldo paró en algunos refugios de Colombia para recuperarse de los efectos del sol y de las ampollas que tenía en los pies. «A veces se me nublaba la vista y se me pasó por la mente quedarme en ese sitio para trabajar y ganar un sueldo que me permitiera comprar un pasaje. Pero me di cuenta de que si me quedaba iba a tener que pagar un arriendo y comida y nunca iba a juntar la plata suficiente. Así que decidí seguir adelante», explica.

Dos meses y 8.000 kilómetros después, Reinaldo llegó a Argentina.En Salta conoció a una mujer, Laura, que al enterarse de su situación se puso en contacto con Fabiola y su familia. Ella lo recibió en su casa, le dio comida y un baño. Y le ofreció comprarle un pasaje a Buenos Aires. 

«Yo creo que Dios tiene sus propósitos y que todo pasa por algo. Estoy muy agradecido con toda la gente como Laura que me ayudó para que pueda llegar», dice él hoy. 

“Ahora está en nuestros planes casarnos acá en Argentina y queremos hacerlo pronto», adelanta Reinaldo.

“Estamos muy agradecidos con toda la gente que nos ha ayudado, tanto en el viaje de Reinaldo como acá en Bella Vista. A todos los argentinos que nos recibieron y nos trataron muy bien. Nos ha llenado mucho todos los mensajes que nos mandaron”, cierra Fabiola.

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