La verdad sobre las uvas de Nochevieja

Por un artículo publicado en « La correspondencia de España» el 1 de enero de 1896, sabemos que ya se tomaron uvas en los círculos más poderosos, mientras cientos de miles de soldados se jugaban la vida en la Guerra de Cuba allende los mares: «A las doce en punto de la noche saludaron los ministros la entrada del nuevo año comiendo ricas uvas y bebiendo champagne, pronunciándose con este motivo entusiastas y patrióticos brindis por el general Martínez Campos, por el ejército que tan valientemente pelea en Cuba y por la pronta pacificación de la isla», podía leerse en el diario.

No se habla del número de uvas ni de si se las comieron con las campanadas de las doce, algo a lo que sí se hace referencia al año siguiente en « Gedeón». El semanario cita a otro periódico, del que no da el nombre, donde se dice que «es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante». Aunque después le corrige: «La costumbre no es madrileña, ni las uvas son doce, sino tres, por lo general». ¿Cuál está en los cierto? No llegamos a averiguarlo si atendemos a lo contando en la prensa aquellos días

La imagen más antigua que se conserva de la multitud celebrando el año nuevo en la Puerta del Sol  (españa) la encontramos en el archivo de ABC. Fue tomada en la Nochevieja de 1912 y en ella quedan perfectamente reflejadas la alegría, la emoción y el alboroto que cada año conforman el cuadro popular frente al reloj de la Casa de Correos de Madrid. Sin embargo, la primera mención en este periódico es de seis años antes, el 2 de enero de 1906, donde se aseguraba haber «observado mucho culto a la costumbre de comer doce uvas al dar las doce del último día y nacer el nuevo año. Según los apologistas del sistema, comiéndolas en ese preciso momento se augura la posesión de dinero».

La costumbre terminó por extenderse a las familias más modestas, que comenzaron a acudir a la Puerta del Sol para burlarse de la burguesía y su tradición supuestamente importada de Francia y Alemania. Así se explicaba en « La Ilustración española y americana», en un artículo publicado a comienzos de 1907 donde se reproduce una conversación entre el periodista y el entrevistado:

«—¿Tomó usted las doce uvas al dar las doce campanadas que anunciaban la entrada del año 1907?

—Si, señor. Y seguí tomando hasta sesenta. ¡Eran tan dulces y estaban tan fresquitas! Y a propósito de supersticiones, ¿no es admirable la rapidez con que se propagan? Hay escritores que llaman ya tradicional a una costumbre importada del extranjero hace muy pocos años por algunas familias aristócratas, y que fue acogida con burlona seriedad por la clase media y el pueblo. Los fruteros la aprovechan para revender uvas por docenas. Toda costumbre supersticiosa es productiva para los especuladores. Con el jugo de las uvas se han despedido los años en Madrid, para alegrarse de la tristeza natural que causa el hallar una cuenta menos en el rosario de la vida, que tiene pocos dieces».

Con el excedente de uva en la cosecha de 1909, los agricultores alicantinos dieron el impulso definitivo para convertir esa tradición elitista en todo un símbolo de España. Una tradición «robada» a la clases poderosas que, en la actualidad, nos lleva a consumir entre 1,5 y 2 millones de kilogramos de uvas cada 31 de diciembre.

 

Escucha nuestro especial de las 12 Uvas del Tiempo

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