¿Hablamos mal español en América Latina?

La discusión la abrimos con un desafío. Les preguntamos a ustedes, los lectores, cuál de las siguientes frases entendían:

La chonta se cachó al largo y lo refundió en la tencha.

La paca se llevó a la pinta y lo mandó al tabo.

Los tombos agarraron al malandro y lo metieron en la jaula.

La yuta agarró al chorro y lo metió en la perrera.

La chota agarró al malandrín y lo metió al bote.*

 

Este ejemplo, que en versión neutral podría “traducirse” como “La policía atrapó al delincuente y lo mandó a la cárcel”, no buscaba sino ilustrar lo diverso que puede ser el uso del idioma español (sí, español, según la cuarta acepción en la RAE: “lengua romance que se habla en España, gran parte de América, Filipinas, Guinea Ecuatorial y otros lugares del mundo en América Latina”).

Algo que para algunos es algo maravilloso, mientras que para otros representa una deformación tremenda e incluso inaceptable.

Se estima que más de 400 millones de personas en el mundo hablan español. Más de las tres cuartas partes de ellas, en América Latina.

¿Le hacemos justicia al idioma? ¿Lo hablamos bien? Es lo que debatimos este lunes en el primero de nuestros eventos del festival digital HayFestivalMéxico@BBCMundoque pueden seguir haciendo click aquí.

Esto es lo que ustedes nos dijeron.

¿Español neutro?

El primer asunto sobre el que los académicos no parecen ponerse de acuerdo es cuál es el español -o el castellano, si prefieres- que debe utilizarse como base para determinar quién habla mal y quién habla bien.

“¿El castellano antiguo o una base neutra y corriente de la actualidad?”, se pregunta en su página web el escritor Héctor García Quintana.

Pero los dos conceptos: “base neutra” y “corriente de la actualidad”, generaron fuerte discusión entre ustedes, los lectores.

“Necesitaríamos volvernos puristas, quitar regionalismos, al final eso ya no sería español… Sería un idioma viejo y en desuso. Destinado a la desaparición”, opinó José Olivos, vía Facebook sobre la idea de la neutralidad.

“No existe en la realidad, es sólo un concepto impuesto, es más, si existiese no sería una lengua hablada de forma natural, si no más bien ‘aprendida'”, añadió Fabián Morales-Polanco.

“Cada país tiene sus academias y entre todas intentan compendiar algo tan vivo y escurridizo como la lengua”, puntualizaba María Lovera.

Otros, como Leonardo Toselli, señalaron que sí puede “convenirse en un castellano neutro, en el sentido de intervenido intencionalmente para que sea lo más común posible a varios pueblos distintos que hablan formas de castellano”.

¿Pero puede -o debe- preservarse ese “castellano neutro” ante la fuerza del cambio?

Mario Solano es de quienes opinan que hay “una evolución constante”, gracias a que “las fronteras ya casi no existen”.

Y algunos, como Gina Alejandra Castiblanco, se ponen a un paso de declararse en desacato con la Academia: “Un idioma se modela con el contexto y lo modelan quienes lo hablan. No existe tal cosa como un ‘mal’ o ‘buen’ español. Los contextos son totalmente diferentes, y en centro y Suramérica no tenemos por qué adherirnos a las normas del que se habla en España, ni viceversa”.

Origen histórico: ¿una excusa?

En un evento celebrado en 2011, la académica Carmen Iglesias -citada por el diario El País de España- decía que “a veces, la leyenda negra predomina, pero les dejamos una herramienta de unidad como es el español”.

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¿Acorralados por los anglicismos?

Y el elemento histórico, incluida la contribución indígena a la formación de nuestro idioma, salió a relucir en nuestro debate.

“Cómo creen que en Latinoamérica se habla mejor español, si cada país le ha agregado palabra indígenas”, se preguntaba Jesús Soriano. “En cada zona geográfica ha habido una exposición a las lenguas nativas y por sobre todo, a la evolución social a la que se ha expuesto el idioma, más allá incluso que una cosa que tenga que ver con haber ‘recibido’ el idioma ‘base’ o no”, añadía Jorge Contreras.

Sin embargo, algunos de nuestros lectores encontraron que esto no es una “excusa”.

¿Qué porcentaje del español proviene de vocablos indígenas?”, se preguntaba Gina Castiblanco.

“Es un porcentaje muy bajo, de modo que, gústenos o no, tenemos que reconocer que el español es la lengua que nos tocó hablar. No es buscar ningún ideal europeo, porque en España tampoco hablan bien el español; no se trata de querer ser como ellos, sino de reconocer que Latinoamérica es ya, también, dueña del español, y de procurar para este, el respeto que se merece”.

“Si escucharas a los villeros (Argentina) o a los ñeros (Colombia) hablar, muy segura estoy de que reconocerías que en ciertas regiones se habla mejor que en otras. No hay que usar el pretexto de la diversidad de un idioma, para pasar por encima de este y hablar y escribir como a cada uno se le ocurre”, replicaba Simone Krule.

El acento

El tema de los acentos genera siempre intercambios acalorados.

Personas de diferentes ciudades y países -notablemente, bogotanos (Colombia), limeños (Perú) y mexicanos en general- aseguraron ser campeones del “acento neutro”, sólo para ser desmentidos de inmediato por compatriotas y no compatriotas de la comunidad virtual.

“Nadie habla sin acento, por Dios… ¿qué es sin acento? ¿¿Quien describió como se debería escuchar un español sin acento?? Imposible, el único que cree que no tiene acento es uno mismo porque se escucha a sí mismo todos los días”, lo resumía Jessenia Ortiz.

“En España misma hay regiones donde habla distinto…adió, adiosh. Adiozz…. Gorpear…así como en Cuba golpeal…. O sea…es imposible que no haya modismos y acentos. Ahora: qué país utiliza menos acento y más palabras reales del diccionario de la Real academia española y no modismos lugareños… eso ya es otra cosa”, decía Ce FerÖz.

Y en un mensaje directo a una de las nacionalidades que se atribuyó un acento neutral, Daniel Ávila hacía la siguiente exhortación: “Ningún castellano es neutral o no tiene acento, todos tienen acento. Queridos peruanos y habitantes de Lima: Ustedes también tienen acento y yo también lo puedo notar cuando ustedes hablan, que ustedes no lo noten por obvias razones es otro cuento”.

¿Quién lo habla mejor?

Así, pues, ¿quién habla mejor español?

Es algo sobre lo que el académico de la RAE José Manuel Blecua terció en 2011, cuando dijo que “en ningún sitio se habla el mejor español del mundo”.

Pero entre ustedes, y como en el caso del acento, “cada quesero alabó su queso”, es decir, en diferentes países de Latinoamérica hubo quien levantó la mano y dijo “yo”.

Como primer punto, no hubo acuerdo sobre si el español de América Latina es mejor que el de España.

  • Por los que piensan que sí, les presentamos a Oscar Ramírez: “En cualquier lugar de Latinoamérica se habla mejor español que en el sur de España y Galicia”. Y también a Franny Sánchez, que apuntó que “la diversidad que opera en Latinoamérica le da ese toque especial al español.”
  • Por los que no, Andrés Salas dijo que “el español latinoamericano es más pobre que el europeo, los españoles utilizan más palabras que nosotros, además de que pronunciamos mal la C, Z, y la Ll”.
  • Por los que piensan que no hay punto de comparación, Gina Castiblanco: “soy de las personas que opina que la riqueza que aportan los vocablos indígenas y nuestra realidad como centro y sur americanos hace que nuestro idioma sea eso, nuestro y por lo tanto no comparable con el que hablan en España; ambos son ricos, diversos y pueden nutrirse el uno con el otro”.
  • Y por los no sabe/no contesta, Jorge Contreras: “Yo soy de la idea de que en Latinoamérica no se puede determinar cuál país habla mejor o peor el idioma que heredamos. Especialmente lo digo porque Recuerdo muy bien a un amigo panameño que hablaba que los latinoamericanos aprendimos a optimizar el idioma, y me quedo con esa tesis (..) Como chileno no tengo qué criticar ni defender de cada uno de los dialectos que tenemos en el continente”.

Lo demás fue un debate dominado por colombianos -de quienes tradicionalmente se dice “hablan el mejor español- y peruanos -que defienden su posición como antiguo centro de poder colonial-, con algunas intervenciones mexicanas.

Curiosamente, al otro extremo del espectro, Chile parece ser uno de los únicos países dispuestos a admitir que no habla bien español (“el español de Chile, es como el inglés de los escoceses… somos el país más austral del mundo y el más largo, el último al que llegaron los españoles”, apuntaba Rodrigo Sandoval).

El otro notable ejemplo es el de Paraguay, donde varios de nuestros lectores se manifestaron orgullosos de hablar “castellano paraguayo”, con un fuerte ingrediente guaraní.

Al final de cuentas, la conclusión más de centro la resume María Lovera: “El mejor español es el que se habla correctamente (…) En América Latina hay gente que habla bien y otra que lo hace mal. Es una cuestión de educación. Quienes leen, enriquecen su vocabulario, pronuncian bien las palabras, cultivan el idioma son los que mejor hablan, ya sea en Argentina, Venezuela, México o España”.

Lo que nos hace regresar al punto de qué es “correcto” y qué no.

Ante lo cual quizás sea mejor cerrar filas con Marvin CJ, en Costa Rica. Tras admitir que en su país atropellan “algunas otras sílabas por estar acortando palabras”, se lanzó la siguiente declaración:

Pero hay que decir algo: ¡Qué rico es el español!

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