Ostentaba en el pecho honrosas condecoraciones para recompensar las acciones distinguidas de su trabajo. Incluso había expuesto su vida en honra y gloria de su patria.

Tal vocación de servicio y deber ciudadano encumbró a Nick Worthy como el Policía del Año 2016, una distinción concedida nada más y nada menos que por la Asociación de Alguaciles de Florida.

Un año antes, también fue exaltado como el mejor de todos los agentes en su propio cuerpo policial del Condado Brevard.

Y si eso no fuera suficiente para motivarlo a llevar una vida sana y digna, el otrora Ranger del Ejército de Estados Unidos había sido condecorado con la Medalla Estrella de Bronce por su servicio en Afganistán. Una presea con la letra V al heroico valor en combate.

Sí, demasiado bueno para ser verdad. Esta semana aquella imagen de oro que había labrado para sí mismo comenzó a desmoronarse. Al punto que sus propias acciones lo deshonraron, costándole el puesto de trabajo y la libertad.

La noche del miércoles, efectivos de su cuerpo policial respondieron a una denuncia de disparos y gritos amenazadores en la vivienda de Worthy y su novia, Rachel Trexler. Tras ambos negarse a hacer declaraciones, las autoridades ejecutaron una orden de allanamiento a la morada la mañana del jueves.

Adentro, hallaron un verdadero chiquero. “Deplorable e insalubre”, así describió el interior de la casa el vocero de la policía, Tod Goodyear. Había cocaína regada, marihuana, juguetes sexuales, casquillos gastados, heces de perro, y agujeros de bala.

En ese ambiente malsano vivía el hijo de la pareja, de 2 años.

Worthy y Trexler fueron arrestados por cargos de negligencia infantil, posesión de cocaína, posesión de marihuana y posesión de parafernalia para uso de drogas. Salieron de la Cárcel del Condado Brevard tras pagar una fianza de $5,000 cada uno.

El Departamento de Niños y Familias de Florida asumió la custodia del bebé y los tres perros de la pareja fueron a parar en manos de la unidad de control de animales.

“No puedo decirles lo realmente repugnado que me siento por alguien que trabajó para nuestra agencia y vivía en esas condiciones y sin duda sometería al niño a esas condiciones”, declaró a los medios su antiguo jefe, el sheriff Wayne Ivey.

“Esta agencia tiene 1,500 miembros que hacen bien su trabajo todos los días, protegiendo a nuestra comunidad y representando a nuestra agencia, y tener a alguien que haga esto es inaceptable para mí y, francamente, inaceptable para nuestra profesión.

Claro que era inaceptable, pues en el 2015, el propio Ivey señaló, al condecorarlo como el mejor de su departamento policial, que “no podía estar más orgulloso del agente Nick Worthy por todo lo que hace para proteger a nuestra comunidad y sus actos de heroísmo en salvar vidas.

Es un brillante ejemplo de dedicación para proteger a nuestros ciudadanos con compasión, profesionalismo y valentía”.

Esa es la montaña rusa de la vida. Un día estamos arriba y al otro estamos abajo.

Fuente: El Nuevo Herald